Toledo judío

El pueblo judío fue siempre una minoría que supo adaptarse hábilmente a otros credos y culturas, para así, convivir pacíficamente con musulmanes y cristianos. Los primeros judíos vinieron a la península en la época del rey Salomón, aprovechando de los viajes fenicios. Años más tarde, decidieron quedarse para siempre. La historia y evolución  de este pueblo la encontramos explicada en detalle justo frente al Paseo del Tránsito. La sinagoga del mismo nombre alberga el museo Sefardí. En este lugar podremos contemplar inscripciones hebreas, manuscritos, y utensilios cotidianos de los judíos que habitaron Toledo durante años. Es más, el jardín de la memoria nos ayudará a entender qué significa y cómo se vive la muerte en el mundo judío.

Un museo, que poco tiene que ver con éste último, es el de Victorio Macho. En un bello jardín a los pies del Tajo disfrutaremos de alguna de las más importantes obras de este escultor palentino, para muchos un toledano más. En este museo, estremece por su realismo,  “la Madre” justo homenaje a todas las mujeres que generosamente dedicaron  toda su vida al cuidado de los suyos. Esta escultura unida a la realizada a su hermano Marcelo son la joya de un museo con un encanto especial. Por último merece la pena dedicar unos minutos al montaje audiovisual del que dispone este museo. Un resumen, a grandes rasgos, de la historia de la ciudad.

La sinagoga de Santa María la Blanca nos traslada de nuevo a la ruta judía. Estaríamos ante la sinagoga mayor de la judería toledana. Iglesia cristiana, refugio para mujeres y cuartel militar son algunos de los usos que se han dado a este lugar. Sus capiteles, con formas diferentes de piña y volutas, sus majestuosos arcos y la estrella de David, que encontramos en su interior, sorprenderán al viajero, sobre todo si tenemos en cuenta la sobriedad que presenta este lugar desde el exterior. Puertas como ésta, la del arquillo judío, que unía el barrio del arrabal con la Judería Mayor, se cerraban de noche, a cal y canto, para así proteger el barrio judío de posibles agresiones. Siguiendo nuestra ruta llegamos hasta el Convento de San Antonio de Padua nos tiene reservada una sorpresa, la cubertería del Cardenal Cisneros en oro, cristal de roca, carey y coral. En este convento podemos aprovechar además para comprar el mazapán artesano que realizan estas religiosas. Su especialidad, los corazones de San Antonio elaborados, como no, con mucho, muchísimo amor. El cuadro más famoso de Toledo, “El entierro del Conde de Orgaz” nos espera en la iglesia de Santo Tomé, convirtiendo así este templo en uno de los más visitados de toda la ciudad. Este es solo el aperitivo de lo que nos espera en pleno corazón de la judería. Aquí encontramos el museo del Greco  con sus doce apóstoles, una de las obras más emblemáticas del artista. De ellos sólo 3 de ellos han sido terminados, otros como San Mateo y San Andrés, son apenas bocetos que, sin embargo, sirven para ilustrar la intensa capacidad creativa de un pintor reconocido mundialmente. Obras como ésta explican que para muchos es el genio del pincel.