Segovia ciudad patrimonio

Si de algo se sienten orgullosos los segovianos es de su ciudad, declarada patrimonio de la Humanidad en 1985. Un reconocimiento en el que tuvo mucho que ver él, uno de los acueductos romanos mejor conservados del mundo convertido hoy en símbolo de la ciudad. Su construcción fue atribuida al diablo, aunque los historiadores conceden el mérito a quien le corresponde realmente, los romanos. Allá por el siglo I consiguieron levantar 166 arcos con sillares unidos sin ningún tipo de argamasa. Una obra de ingeniería que sigue en pie, a pesar de los siglos, sin apenas modificaciones, en una plaza la del Azoguejo, durante años lugar de encuentro, mentidero y enclave comercial. Afiladas puntas de diamante encontramos también en esta sorprendente ciudad. Puntas labradas en granito protegen la buena fama de Casa de los Picos. Su dueño ordenó cubrir la fachada con ésta peculiar decoración para que, a partir de ese momento, los segovianos la llamasen Casa de los Picos, olvidando así su anterior denominación, Casa del Judío.

Bellas esfinges, sirenas para otros, nos dan la bienvenida en la plaza de San Martín, cuya iglesia porticada protegerá al viajero de los malos vientos castellanos mientras contempla el Torreón de Lozoya decorado con restos de metales fundidos, o lo que es lo mismo la “escoria” de los herreros.

Empeño y esfuerzo pusieron los segovianos en la construcción de su catedral, sufragada por el pueblo allá por el año 1525. Hoy luce grandiosa y elegante, digna de admirar tanto por dentro como por fuera. La puerta del Perdón sirve de anticipo a una visita que sin duda entusiasmará al viajero al poder contemplar una catedral llena de luz con elegantes bóvedas de crucería y hermosas vidrieras.

Finalizamos nuestro recorrido navegando por los ríos Clamores y Eresma que nos sitúan en la proa del buque, con el que en tantas ocasiones se ha comparado al Alcázar. Edificado sobre restos romanos, sorprende la belleza exterior de una construcción que nada tiene que envidiar a los castillos de cuento y en cuyo interior repasaremos parte de la historia de nuestro país representada por Los reyes Católicos, inquilinos ilustres de unos muros con mucha, muchísima historia.