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Santiago monumental

Mil años de arte e historia acompañan  a la Plaza del Obradoiro en Santiago, sin duda uno de los lugares emblemáticos de la ciudad. Una plaza que hoy recibe a miles de peregrinos que cada año finalizan su andadura en este lugar, antesala de la Catedral, con secretos muy bien guardados. Pocos saben que precisamente aquí se celebraron durante años numerosas corridas de toros.

Majestuosa, ante nosotros, la catedral de Santiago. Acceder por la entrada del Pórtico de la Gloria es ya en sí una experiencia sobrecogedora. En sus 3 arcos 200 figuras de granito nos darán la bienvenida.

Una vez dentro de la catedral podremos ver y abrazar  al Santo desde la girola y también contemplar las espectaculares dimensiones de su botafumeiro, el mayor incensario del mundo utilizado, en su día, para eliminar los malos olores que había en la segunda planta de la catedral, utilizada por entonces como albergue de peregrinos.

A solo unos metros la plaza de Quintana, en ella,  la Puerta Santa, mezcla de barroco, renacentista y románico. Esta plaza fue utilizada como lugar de enterramiento hasta el siglo XVIII, la leyenda cuenta que bajo ella se ocultan túneles secretos que comunican la catedral con el monasterio. Tendremos que espera a la noche para ver la sombra del peregrino reflejada en sus muros… Desde muy temprano seguiremos sus pasos, en Rua do Vilar veremos a numerosos peregrinos sellando una credencial donde se certifica que hemos completado nuestro camino, estamos en la oficina del peregrino.

Alonso de Fonseca nos recibe a la entrada de lo que en su día fue la sede de la universidad compostelana. Haciendo honor a su origen, este lugar alberga hoy la biblioteca general de la universidad. Lugar de lectura, paseos y relax.

El parque de la Alameda nos sumerge en ambiente afrancesado de fuentes, estanques y esculturas de gran belleza. Reflejo de lo vivido en este lugar la figura de las dos Marías, representación cómica de la “maruja local” mujeres  que se paraban a dar charla y conversación a cualquiera que se les pusiera en su camino. Un lugar especial y privilegiado con unas vistas de ensueño. Sin duda  Valle Inclán sabía mucho de ello…