Paseos por Córdoba

Conocer Córdoba es pasear por sus calles, sus plazas. En nuestro camino seremos testigo de una ciudad que en su día rivalizó en esplendor con ciudades como Constantinopla y Bagdad. Entre los siglos X y XII, Córdoba era la ciudad más grande de Europa y centro de la vanguardia cultural. Todo comienza en la época romana.

Ya por aquel entonces esta ciudad contaba con un templo cuyas dimensiones 16 metros de ancho por 32 de largo y 15 de altura dan fe de la importancia del mismo, puesto que Córdoba formaba parte de la Vía Augusta. Precisamente el foro colonial, con los principales edificios públicos de la ciudad romana, atravesaba la actual plaza de las Tendillas, punto neurálgico de la ciudad donde merece la pena esperar hasta las horas en punto para escuchar la solea interpretada a guitarra, que parte de la torre del reloj.

Nada que ver con la arquitectura andaluza, la plaza de la corredera. Sus edificios porticados presentan un aire castellano cuya explicación encontramos en el origen salmantino de su arquitecto Antonio Ramos. Una plaza escenario de ejecuciones y castigos ordenados por la Santa Inquisición y que además fue plaza de toros.

Siguiendo nuestro paseo llegamos hasta la plaza del Potro donde se encuentran el museo de Bellas Artes, en lo que fue el hospital de la Caridad. Aquí encontramos importante colecciones de artistas cordobeses como Pedro Romana y Pablo Céspedes.

 En esta misma plaza, el museo de Julio Romero de Torres, quien supo pintar como nadie la belleza femenina, prueba de ello una de sus obras más conocidas “la chiquita piconera”.

 A unos metros, en el lugar donde se situó el segundo mayor teatro de todo el imperio romano, encontramos el Museo Arqueológico. Muchos de los restos del antiguo teatro están precisamente integrados en el propio museo, uno de los más importantes de España en lo que a arqueología se refiere. Aquí podemos ver restos relacionados con las industrias que existían en la ciudad. Tampoco podemos marcharnos sin ver la más importante colección de moneda andalusí del mundo, siendo especialmente bellas las monedas de plata de época omeya.

Imagen de postal y mil veces fotografiada, el callejón de las flores, pasaporte de Córdoba por todo el mundo y sin duda, uno de los rincones con mayor encanto de la ciudad.