Cuenca intramuros

La ciudad de Cuenca tiene la suerte de contar con dos murallas, la natural formada por le escarpe calizo entre los ríos Júcar y Huécar y la medieval, que cerró la ciudad con siete puertas. Desde una de ellas, la de Valencia, accedemos a la ciudad baja que nos lleva por el barrio de Santa Lucía hasta la calle de la Moneda, donde la arquitectura popular conquense todavía es reconocible en los edificios de cuerpos en saledizo. Esta zona a pesar de ser un espacio urbano de menor monumentalidad tiene sin duda gran atractivo y autenticidad.

 Las Escaleras del Gallo nos conducen a descubrir algunos restos de la muralla medieval y un torreón convertido en mirador. Desde aquí llegaremos a El Almudí, antiguo almacén de granos para el abastecimiento de la ciudad en el siglo XVI.

 La iglesia de El Salvador, muy vinculada a la Semana Santa conquense es muy querida pues alberga alguno de sus más emblemáticos pasos, y junto con él, el Museo de la Semana Santa que nos acercara a descubrir una de las fiestas más importantes y emblemáticas de la ciudad declarada de Interés Turístico Internacional.

El puente de la Trinidad situado sobre la que fue otra de las puertas, la de Huete, nos conduce a la Iglesia Virgen de la Luz, sede de la patrona de la ciudad y quien cuenta la leyenda, que condujo e iluminó el camino con un candil al rey Alfonso VIII en la conquista de la ciudad tras 466 años de dominio musulmán. Fue también el rey Alfonso VIII quién mandó construir el Hospital de Santiago para ser entregado a la orden que lleva su nombre.

 Frente a la desembocadura de la calle del Peso, se encuentra una torre que nos recuerda que aquí estuvo la iglesia de San Juan, la cual da nombre a esta entrada, también llamada Postigo de Aljaraz o Puerta del Cerrojo. La puerta de San Juan se abre a la hoz del Júcar y, nos conducirá a un balcón con esplendidas vistas como estas, de postal.