PUENTE ROMANO Y EL LUNES DE AGUAS

Es la puerta de entrada a la ciudad. Forma parte de la ruta de la Plata, calzada romana que enlazaba Emérita Augusta (Mérida) con Astorga. Fue construido por los romanos para cruzar el río Tormes y de esta manera acceder a la ciudad. Aunque existe cierto consenso sobre la construcción del puente durante el siglo I no existen datos fiables sobre su historia. La construcción debió empezarse en la época del emperador Augusto, aunque posteriormente debió sufrir obras y modificaciones durante los mandatos de Trajano y Adriano. Consta de 26 arcos aunque de la construcción original solo quedan 15 en la margen derecha.

En uno de los extremos se encuentra el célebre Verraco Ibérico, escultura en piedra de la época de los Vetones que ha quedado ligada a la cultura salmantina gracias a su aparición en el Lazarillo de Tormes. Desde este punto podremos contemplar una del mejores y más famosas vistas de la ciudad. Pero también está muy vinculado a una de las fiestas con mayor tradición de la ciudad: el Lunes de Aguas.

La tradición se basa en una leyenda que tiene como protagonista al rey Felipe II, que en 1543 llegaba a Salamanca para casarse con la princesa María de Portugal. Sin embargo, el monarca quedó escandalizado por el bullicio que provocaban los más de 8.000 estudiantes universitarios con sus juergas y visitas a los burdeles. Felipe II decidió emitir un edicto para expulsar a las prostitutas de la ciudad durante la Cuaresma. Las ordenó cruzar el río y alojarse en una mancebía que había en el arrabal de la orilla izquierda del Tormes, al cuidado de un sacerdote. Era éste, uno de los puestos oficiales cubierto por designación real, más codiciada de la época. Las prostitutas regresaban a la ciudad el primer lunes después del de Pascua. Los jóvenes acudían a buscarlas en barcas engalanadas acompañados del fraile conocido popularmente como el "Padre Putas" o “Padre de la Mancebía”. El espectáculo del regreso de las prostitutas, que solía acabar con un baño en el río, era seguido desde la ribera del Tormes por cientos de salmantinos, que aprovechan la cita para dar cuenta de sus mejores viandas, entre las que se encontraba una empanada de embutido y huevo cocidos, que con el tiempo se llamó hornazo y se convirtió en un manjar, que cuenta con marca de garantía. La tradición ha perdurado casi 500 años, y es fácil encontrarse ese lunes, con grupos de jóvenes preparando su jornada campestre a orillas del río.