PLAZA DEL OBRADOIRO

Como no podía ser de otra manera, comenzamos nuestro recorrido en la plaza del Obradoiro. En el centro encontraremos el Km. cero al que llegan los peregrinos que simboliza el final del camino de Santiago. Este lugar tiene forma de vieira.

Esta plaza es itinerario cultural europeo desde 1987. Nos rodean numerosos edificios representativos de la ciudad. Si nos situamos frente a la catedral, a nuestra derecha veremos el edificio del Rectorado de la Universidad, con la bandera de Fonseca, fundador de la Universidad. Este lugar actualmente es rectorado, biblioteca y museo itinerante. A la izquierda tenemos el parador de turismo con una hermosa fachada plateresca. También llamado hospital Real, este fue un hospital para peregrinos mandado construir por los Reyes Católicos en 1499. Como símbolo del poder de Castilla.

La idea de construir este hospital surge, según algunos historiadores, después de que los Reyes realizaran el camino del Santiago, comprobaron que había pocos albergues para peregrinos; durante años el segundo piso de la catedral se utilizó como albergue, así que decidieron hacer este hospital que a la vez era hospedería de los peregrinos sanos. En él se podía dormir 3 noches gratis.

Este hospital atendió las necesidades sanitarias de la ciudad  hasta 1954. Actualmente es un parador y de su historia conserva actualmente el deber de dar desayuno, comida y cena a los diez primeros peregrinos que lleguen cada día con la credencial compostelana sellada. En la fachada vemos los escudos de los Reyes Católicos dentro de unos medallones y el escudo de la Casa de Austria. En la fachada también veremos las figuras de Adán y Eva con la manzana y detrás nuestro, el Ayuntamiento de Santiago de finales del siglo XVIII. En lo alto de este último edificio podemos ver a Santiago Matamoros, patrón de las Españas, acabando con la vida de un moro. En el frontón podremos contemplar una representación de la batalla de Clavijo. Se trata de una plaza turística pero también lugar de paso de los santiagueses. La tradición de la viera se remonta siglo atrás, cuando los peregrinos cogían y se llevaban a casa una viera para demostrar que habían estado en Santiago. En el s XIV se crearon las credenciales que, con sellos, demostraban que el peregrino  había hecho el camino.