Cáceres monumental

La ciudad de Cáceres presume de contar con uno de los recintos monumentales mejor conservados de España, y gracias a ello sigue transmitiendo al viajero el verdadero sabor de la Edad Media. Las vistas desde la atalaya de la Torre de Bujaco nos brindan una de las imágenes más representativas de su paisaje urbano y del centro histórico. Nos adentramos en la ciudad intramuros. Calles tortuosas y empedradas salpicadas por palacios, iglesias y torres almenadas, definen su perfil. Un espacio reservado tan solo a los grandes linajes cacereños que muestran orgullosos sus escudos en las fachadas. El Palacio de Hernando de Ovando es uno de los edificios nobles que forma la plaza de Santa María. Célebre linaje, pues uno de sus miembros fue nombrado por los Reyes Católicos gobernador de las Indias. El del Mayoralgo, el más antiguo de la ciudad, fundará el primer mayorazgo que hubo en Cáceres y el palacio-fortaleza de los Golfines de Abajo luce orgulloso el escudo de los Reyes Católicos y nos recuerda que aquí se alojaron las dos veces que estuvieron en Cáceres. La Iglesia de Santa María, la más grande e importante de Cáceres, concatedral junto con la de Coria, fue levantada tras la conquista de la ciudad por el rey castellano Alfonso IX en el siglo XIII.

La huella árabe la constituye el Palacio de las Veletas, hoy museo de Cáceres, construido sobre el que fue probablemente el alcázar musulmán. El aljibe es buena prueba de ello, y una de las construcciones de este tipo más importantes de la Península. Este edificio alberga además la sección de arqueología y de etnografía, mientras que la dedicada a Bellas Artes puede verse en la Casa de los Caballos. Una torre sin desmochar, la del Palacio de las Cigüeñas, nos da la bienvenida en la plaza de San Mateo. Es la única que conserva las almenas en recompensa al apoyo dado por su dueño el capitán Diego de Ovando a la reina Isabel la Católica, en su lucha por el trono con su hermana Juana La Beltraneja. Son más de mil los escudos repartidos en palacios y fachadas, y muchos encierran una leyenda que contar. El de la Casa Solís trae a la memoria cómo se fundó esta rama nobiliaria, y el de la Casa del Águila (cómo su dueño ganó las flores de lis de su escudo al rey de Francia. Sin duda al viajero, más allá de sus edificios monumentales, le aguarda una ciudad de leyendas y de rincones misteriosos y mágicos aun por descubrir.