Cáceres extramuros
En la ciudad extramuros, empieza a formarse en 1478 la Judería Nueva, cuando se ordena el agrupamiento de la comunidad judía en un solo lugar fuera de la fortificación. El Palacio de la Isla, construido por una rama repudiada de la familia Blázquez Mayoralgo, ocupa el espacio de la antigua sinagoga. Muy pocos son los ejemplos de torres-palacio que podemos encontrar fuera del perímetro monumental de Cáceres. El de Godoy con su espléndido balcón de esquina es uno de ellos. Fue levantado a instancias de Francisco de Godoy, lugarteniente a la orden de Francisco de Pizarro, en la conquista de Perú. El Palacio de Galarza fue residencia del obispo de Coria, y cuentan que allí se ocultó y crió a petición del propio Felipe II, el heredero a la corona del reino de Portugal. El mirador del centro Turístico Cáceres-Galarza nos acompaña en nuestro recorrido y nos regala estas vistas al conjunto monumental desde la ciudad extramuros. La Iglesia de Santiago se relaciona con la Orden de los Fratres de Cáceres, fraternidad con votos de obediencia y lucha y germen de la posterior Orden Militar de Santiago. Es una de las más queridas, tanto por la historia que encierran sus muros como por el patrimonio artístico que alberga. También las principales familias nobles junto con los reyes Católicos y el cardenal Mendoza, pusieron empeño y esfuerzo en la construcción del antiguo Convento de San Francisco. Más de cien blasones y escudos de las más importantes familias cacereñas, así lo acreditan.

Una alternativa al concepto tradicional de museo, es el Parque del Príncipe. Su colección compuesta por veintisiete esculturas se encuentra distribuida a lo largo de una gran zona verde que invita al viajero a hacer un alto en el camino.

La historia de los pobladores más antiguos de Cáceres, de entre 15.000 y 20.000 años, se muestra en el centro de interpretación de la Cueva de Maltravieso. Una treintena de manos en negativo, vestigios del pasado más remoto de la ciudad constituyen el yacimiento arqueológico más importante de Extremadura.

Finalizamos nuestro recorrido desde uno de los lugares más emblemáticos y queridos por los cacereños, la Ermita de la Montaña. Cuenta la leyenda que hasta aquí llevó el anacoreta Francisco Paniagua, la imagen de la virgen que ahora preside el retablo mayor. Y desde el promontorio rocoso decimos adiós a una ciudad que ha sabido conjugar mejor que nadie pasado y futuro.