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PLAZA MAYOR

Iniciamos nuestro recorrido en la Plaza Mayor, centro neurálgico de la ciudad. Se trata de una plaza mayor castellana, y por lo tanto, mercado, de ahí que esté recorrida por soportales que la preservaban del frío del invierno y del calor del verano; pero también, fue utilizada como coso taurino; la última de las celebradas fue una corrida goyesca en 1922.

Está situada sobre la antigua plaza de San Martín, hasta entonces la más grande de España. Se trata de una plaza de estilo barroco construida entre 1729 y 1755. Del proyecto  se encargó, Alberto de Churriguera y lo finalizó Andrés García de Quiñones. Es una plaza de gran uniformidad en la que sólo la fachada del Ayuntamiento es de mayor altura.

Fue costeada por la ciudad para homenajear la llegada del rey Felipe V. Uno de sus elementos diferenciadores con cualquier otra del mundo son los medallones de las enjutas de sus 88 arcos. Cada uno de los cuatro pabellones de la plaza debía estar decorado con medallones de monarcas, guerreros, sabios y santos españoles. Podemos encontrar por ejemplo el de Hernán Cortés (que fue estudiante de la Universidad de Salamanca), Pizarro, Santa Teresa de Jesús, Miguel de Cervantes o los reyes españoles desde Alfonso XI hasta Fernando VI.

Otro de los grandes ilustres de la ciudad es Gonzalo Torrente Ballester, cuya escultura en bronce podemos ver en uno de los cafés más antiguos de la ciudad, el café Novelty, que todavía conserva la decoración de antaño y en el que siguen realizándose tertulias literarias.

Esta plaza sigue siendo el lugar más vivo, concurrido y deseado de la ciudad. Hasta hace pocos años los hombres daban vueltas a la plaza, paseando en sentido contrario al de las mujeres con el fin de cruzar miradas, y en sus orígenes en el siglo XVIII, lo hacían utilizando el lenguaje del abanico, en busca de alguna que otra cita amorosa.