Cáceres

Pocas ciudades han conseguido mantener un trazado medieval de forma tan admirable como la ciudad de Cáceres y preservar la huella de las culturas que la habitaron. Un mérito que fue reconocido por la Unesco en 1986 al declararla ciudad Patrimonio de la Humanidad.

Son los almohades los primeros en dotar a Cáceres de imponentes defensas de aspecto inexpugnable. La muralla es su símbolo más destacable. Hasta 25 torres levantaron la de Bujaco, la de la Hierba, la del Horno o la del Postigo; hoy integradas con las torres de los templos cristianos, Santa María, San Francisco Javier o San Mateo. Una muralla que encierra un espacio de privilegios repleto de casonas solariegas y palacios señoriales que nos recuerda la ciudad que fue legado de una historia rica en linajes y hombres que hicieron fortuna en la exploración de América. La concatedral preside la plaza de Santa María, centro neurálgico del recinto amurallado, a pocos metros el Palacio de los Golfines de Abajo es ejemplo extraordinario del pasado defensivo de la ciudad.

El aljibe del Palacio de las Veletas y antiguo alcázar, es testigo también del paso de los almohades por estas tierras. Pero también otras minorías supieron dejar su huella. Un apretado entramado de callejuelas y fachadas encaladas, la distingue de la zona cristiana y nos adentra en la Judería Vieja. Lugar en la que estuvo instalada la aljama judía hasta 1478. El Centro de Artes Visuales Fundación Helga de Alvear, es el contrapunto de modernidad al Cáceres monumental. Ubicado en un edificio modernista conocido como la Casa Grande alberga una de las más importantes colecciones de arte contemporáneo de carácter privado.

No podremos despedirnos sin hacer un alto en la Ermita de la Montaña, santuario en el que se venera a la patrona de la ciudad. Un balcón desde el que poder contemplar cómo la ciudad monumental ha conseguido superar sus límites e integrarse de forma admirable en el Cáceres moderno.