Ávila

Conocida como la ciudad de los caballeros y la mística, Ávila ofrece al viajero un amplio patrimonio cultural de ahí que fuese declarada patrimonio de la Humanidad en 1985. Su muralla ha sido testigo de gran parte de la historia de la ciudad. Con dos kilómetros y medio de perímetro es, sin duda, una de las estampas más conocidas de la ciudad, ejemplo de arquitectura defensiva en la que se utilizaron restos de otras civilizaciones entre ellas, la romana. La basílica de San Vicente, monumento nacional desde 1882, es un bello ejemplo del románico presente en esta ciudad. Este templo nos recuerda el martirio de los niños mártires Vicente, Sabina y Cristeta cuya detallada narración visual podemos contemplar en el sepulcro que encontramos en su interior, sin duda la joya de la basílica.

La catedral de San Salvador es junto con la de Sigüenza una de las primeras catedrales proto-góticas que se construyeron en España. Iniciándose en románico y  concluyéndose en gótico. En esta catedral encontramos una de las mejores obras al óleo sobre tabla de Berruguete. El museo catedralicio alberga otros tesoros como una espectacular custodia de plata de 1571, creada por Juan de Arfe. Situados en la capilla de los magos, miraremos hacia arriba para contemplar las 3 cabezas de los reyes magos, justo debajo encontramos el lugar donde el obispo recibe jerarquía eclesiástica. Ávila es también misticismo, de la mano de una de sus hijas natales Santa Teresa de Jesús, mujer fuerte y adelantada a su tiempo que ya durante su estancia en el monasterio de la Encarnación planteó la reforma de la orden del Carmelo. En este monasterio llegó a ser priora.

Si nos adentramos en el museo del convento podemos contemplar una recreación de cómo transcurría su vida: la celda que ocupó siendo priora, su toalla bordada a mano, el leño que utilizaba como almohada para mortificarse….

Ciudad palaciega Ávila nos traslada a palacios como el de los Velada, donde en su día se alojasen Isabel la Católica o el mismísimo Carlos V. Otro ejemplo singular, el Palacio de los Dávila símbolo de rebeldía con inscripciones como ésta “Donde una puerta se cierra, otra se abre” que recuerda así el sucesivo empeño de esta familia por tener una puerta que les permitiese salir de casa evitando la incomunicación que suponía el cierre de la muralla por las noches. Finalmente tuvieron que conformarse con una ventana a través de la que disfrutar de vistas como las que encontramos en el paseo del Rastro. Este debe su nombre al matadero municipal que existió hasta finales del siglo XVI. Hoy es uno de los lugares preferidos por los abulenses para relajarse disfrutando de estampas como estas… que son tan solo un aperitivo de lo que esta ciudad le reserva al viajero.